Llevo algo más de 11 años deambulando por el mundo virtual. He participado y colaborado en webs, comunidades y foros. He contribuido con la elaboración de espacios radiofónicos difundidos por la red. En su momento incluso me atreví a levantar un par de webs personales para dar rienda suelta a mis dos grandes pasiones: la música y el cine. Pequeños rincones confeccionados casi de forma artesanal con las aún limitadas herramientas de principios de la década pasada. Todas aquellas experiencias terminaron diluyéndose por falta de tiempo, disciplina y motivación a partes iguales.
Ahora me encuentro en el ocaso de la veintena consumiendo
los últimos cartuchos de una carrera que me propone un horizonte profesional incierto.
Un oficio en estado catatónico. Muy lejos quedan los sueños y aspiraciones de
aquel estudiante de secundaria fascinado por un porvenir idílico como
juntaletras. Curioso, ávido de saberes e ideas, aunque descreído con los
efectos reales de la comunicación.
Por primera vez me dispongo a construir una bitácora personal, única e intransferible. Claudico ante las presiones de la idiocracia digital con la misma resignación que me llevó a caer en las garras de Zuckerberg y sus adláteres. Al menos la blogosfera parece estar soportando con solvencia el esplendor de eso que a mi juicio es la burbuja de las redes sociales.
¿Por qué realidades insertadas? Buscando una cabecera pretenciosa con ínfulas posmodernas recordé lo mucho que han condicionado mi cosmovisión las teorías de Jean Baudrillard sobre la hiperrealidad, las pinceladas proféticas de Marshall McLuhan o el concurrente solipsismo de la ciencia-ficción (el genio maligno de Descartes y las discutibles teorías del cerebro en una cubeta). Puede que mi escepticismo respecto al totalitarismo digital tenga algo que ver, pero últimamente tengo la sensación de que la realidad nunca había estado más lejos de aquí.
No voy a aventurarme en advertir los hipotéticos contenidos de este espacio. Son una incógnita incluso para mí. Puede que algún día el altisonante párrafo anterior tenga un desarrollo más pormenorizado. Pero esto no es un blog de filosofía. Si algo abunda en este país son pontificadores de todo saber conocido. La desmaterialización de la realidad que nos anticipaba Baudrillard trasladada al campo del conocimiento.

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