Era de esperar que en estos tiempos de conflictividad
política y efervescencia social un hecho que tuvo lugar hace nada menos que
ocho siglos pasara desapercibido. Convertida España en un protectorado de
facto –¿o de “soberanía suspendida”?- no parece razonable que una victoria
medieval lograda armas mediante y en nombre del Dios cristiano pueda servir
como inyección de energía para una sociedad sumida en el desencanto y la
depresión. Pero a mi juicio es este uno de los grandes males del ADN español.
El profundo desconocimiento de su historia y lo que es peor, en consecuencia de
ello, su malinterpretación y menosprecio sistemático.
No voy a entrar en análisis socio-históricos de esta circunstancia.
No es difícil recordar que nuestra historia ha sido manipulada e
instrumentalizada con fines oportunistas en distintos momentos de nuestra
historia más o menos reciente. Hoy día toda tentativa de establecer un paralelismo
del momento actual con cualquier episodio de nuestra historia es de inmediato
reprobada y tildada de reaccionaria, trasnochada o algo peor.
Al margen de estimables debates en torno a la existencia o
no de una identidad nacional, es incuestionable que compartimos una historia en
nuestro territorio común. Y aquel episodio del que hoy se cumplen nada menos
que 800 años es uno de aquellos que marcaron un antes y un después en el
devenir de los pueblos peninsulares. La Batalla de las Navas de Tolosa fue la
primera gran derrota del reino musulmán frente a los reinos cristianos del
norte. Alfonso VIII, rey de Castilla recurrió al Vaticano para reforzar la legitimidad
de los feudos cristianos frente al poderío islámico. Inocencio III llamó a la
cruzada contra los musulmanes y el rey castellano se alió con sus vecinos –con
la salvedad de su homólogo leonés- y emprendió una ofensiva que tuvo su cénit
un 16 de julio de 1212 con la sonada derrota de las tropas almohades en el
municipio jienense que dio nombre a la contienda.
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| "La Batalla de las Navas de Tolosa" según F. De Paula Van Halen (1814-1887) |
Aunque la presencia morisca en la península se prolongaría
dos siglos más –por las contrapartidas que Castilla recibía del reino granadino-
aquel enfrentamiento decantó de forma clave el equilibrio hacía el lado
cristiano. La Reconquista emprendió su marcha triunfal. Con diferente desenlace
en Navas, a buen seguro esta España sería bien distinta. Y entonces puede que
el reiterativo debate en torno a la cuestión nacional fuera la menor de
nuestras preocupaciones.
| Mapa extraído de http://www.medieval-spain.com/ . |
ABC publica hoy un artículo que si bien cae en algún error
histórico bastante común, es una buena síntesis de lo que sucedió en tierras
jienenses hace hoy exactamente ochocientos años:
"También era lunes aquel 16 de julio de 1212 y, como hoy,
hacía un calor infernal al pie de Sierra Morena cuando la España cristiana
propinó un duro golpe a los musulmanes en la Batalla de las Navas de Tolosa,
decisiva en la Historia de España. Tanto, que hay quien habla de aquel 16 de
julio de hace hoy ocho siglos como el día D de la Reconquista.
Castellanos,
aragoneses y navarros dejaron atrás sus peleas territoriales y sus disputas de
linaje para unirse frente a las tropas de la Media Luna que capitaneaba
Muhammad An-Nasir, más conocido por los cristianos como Miramamolín. El califa
almohade había reunido un poderoso ejército, se cree que de hasta 200.000
hombres, con la intención de barrer de la península a los reinos cristianos y
completar así la obra que su padre inició años atrás en la batalla de Alarcos.
A Alfonso VIII de
Castilla aún le dolía esa derrota sufrida veinte años atrás (1195) y ante la
caída del castillo de Salvatierra, que suponía la amenaza musulmana sobre
Toledo, solicitó la ayuda del Papa Inocencio III, que llamó a la cruzada contra
los musulmanes, y logró que Pedro II de Aragón y Sancho VII El Fuerte de
Navarra le secundaran en su ofensiva. Faltó el rey de León Alfonso IX, pero sí
acudieron sus caballeros.
El 14 y 15 de julio
de 1212 ya estaban dispuestos en el campo de batalla más de 100.000 musulmanes
dirigidos por el califa y unos 70.000 cristianos, entre castellanos,
aragoneses, navarros, portugueses, cruzados franceses, además de maestros del
Temple y de San Juan. Se estima que murieron unos 20.000 árabes y 12.000
cristianos. Fue una de las batallas más sangrientas y más trascendentes de la
Edad Media. «No se la cita como una de las grandes batallas de la historia del
mundo y seguramente ellos no fueron conscientes que habían destrozado al Islam,
pero realmente fue el principio de su fin», aseguró a Efe Francisco Rivas,
director sectorial del Mundo Islámico y Cuestiones Religiosas en la Asociación
de Geopolítica GIN y autor del libro «1212. Las Navas».
El ejército cristiano
se había ido reuniendo durante el verano de 1212 y avanzó hacia el sur al
encuentro de las huestes almohades, que les doblaban en número. Cuenta la
tradición que un pastor guió a los cristianos en su paso por Despeñaperros para
así poder atacar a los moros por la espalda. Llegó a las Navas, a cuatro
kilómetros de lo que hoy es Santa Elena, el viernes 13 de julio y después de
dos días de escaramuzas, los cristianos decidieron atacar. El vizcaíno don
Diego López II de Haro capitaneó la primera carga de las tropas cristianas. Los
musulmanes intentaron repetir la estrategia que tan buenos resultados les había
dado en Alarcos, simulando una retirada para contraatacar con sus mejores
soldados después. Los cristianos se lo esperaban y la segunda línea de combate
estaba preparada, pero no era suficiente para hacer frente al ejército
almohade.
En ese decisivo momento, los tres reyes cristianos al frente
de sus hombres se lanzan a la batalla en una carga que resultó imparable. El rey
Sancho VII de Navarra, con los doscientos caballeros navarros se dirigieron
directamente hacia la tienda roja de Al-Nasir, que guardaban los imesebelen, la
Guardia Negra procedente de Senegal, que se enterraban en el suelo y se
anclaban con grandes cadenas, para luchar o morir. Según la tradición, Sancho
VII el Fuerte rompió las cadenas, que se incorporarían después al escudo de
Navarra junto a la esmeralda del turbante del califa, que logró huir a Jaén.
Miramamolín moriría un año después de la derrota. [*]
Cuentan que tras la batalla, en la tarde del 16 de julio de
hace hoy ocho siglos, Alfonso VIII recorrió junto al Arzobispo de Toledo, don
Rodrigo Jiménez de Rada, el terrible escenario de la carnicería. De este botín
se conserva el pendón de Las Navas en el Monasterio de Las Huelgas en Burgos,
considerado el mejor tapiz almohade en España. En la iglesia de San Miguel
Arcángel de Vilches se conserva la Cruz de Arzobispo de don Rodrigo, una
bandera, una lanza de los soldados que custodiaban a Miramamolín y la casulla
con la que el arzobispo ofició misa el mismo día de la batalla de las Navas de
Tolosa.
Los prisioneros
árabes fueron llevados a construir la fortaleza de Calatrava la Nueva.
Tras la victoria en
las Navas, Alfonso VIII conquistó después Navas, Vilches y Baño, Baeza y
Úbeda... El empuje cristiano fue ya imparable."
[*] En contra de lo que afirma la leyenda, las cadenas sarracenas que adornan el escudo de Navarra no guardan relación con la presente batalla. Este ornamento se puede encontrar en escudos previos como el de la Iglesia de San Miguel de Estella (1160) o en las miniaturas de la Biblia de Pamplona (1189).
[*] En contra de lo que afirma la leyenda, las cadenas sarracenas que adornan el escudo de Navarra no guardan relación con la presente batalla. Este ornamento se puede encontrar en escudos previos como el de la Iglesia de San Miguel de Estella (1160) o en las miniaturas de la Biblia de Pamplona (1189).


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